El gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, desafió este viernes la geografía política del país con un desembarco de alto voltaje en Córdoba, el bastión históricamente más esquivo para el kirchnerismo. Bajo una estrategia de construcción federal que apunta directamente a las elecciones presidenciales de 2027, el mandatario bonaerense recorrió territorio hostil con un discurso centrado en la confrontación total contra las políticas de Javier Milei y la búsqueda de una unidad peronista que no excluya a los sectores distanciados de la conducción nacional. “A Milei le queda poco”, lanzó en una de sus intervenciones, marcando el tono de una gira que mezcló la gestión cultural con la proclamación política de hecho.

La jornada comenzó con una fuerte carga simbólica en La Falda, donde Kicillof participó del Congreso Sindical de Sanidad. Allí recibió un espaldarazo que sacudió la interna partidaria: Héctor Daer, líder del gremio y referente de la CGT, lo señaló frente a la militancia como el “mejor candidato” para conducir los destinos del país. Aunque el gobernador intentó enfriar la urgencia de las candidaturas alegando que es tiempo de “construir”, no ocultó su ambición de liderar un frente amplio. Ante la consulta sobre un posible acercamiento con el gobernador cordobés, Martín Llaryora, Kicillof evitó las negativas y optó por el pragmatismo: aseguró que el plan es “hablar con todos” para conformar una propuesta superadora.

La logística del desembarco estuvo cuidadosamente orquestada por el ex senador Carlos Caserio, quien se ha convertido en el arquitecto del kicillofismo en la provincia mediterránea. Acompañado por parte de su gabinete, el mandatario bonaerense se trasladó luego a Cosquín. En la emblemática Plaza Próspero Molina, firmó convenios de intercambio cultural y turístico con el intendente Raúl Cardinalli, una maniobra que busca dotar de institucionalidad a sus movimientos proselitistas fuera de las fronteras de Buenos Aires. En cada parada, el eje discursivo fue el mismo: la denuncia de un “ahogo financiero” por parte de la Casa Rosada hacia las provincias.

Viajes internacionales

Kicillof denunció que el Gobierno nacional ha abandonado sus funciones básicas, delegando la salud, la educación y la infraestructura en gobernadores e intendentes a los que, simultáneamente, “deja sin un mango”. En sus declaraciones, describió la gestión de Milei como una administración que se limita a viajes internacionales y conferencias, mientras retira medicamentos y paraliza obras públicas en todo el territorio nacional. “Piensan que gobernar es otra cosa”, fustigó, señalando que la mayoría de los gobernadores han tenido que recurrir a la Corte Suprema de Justicia para reclamar fondos y programas dados de baja unilateralmente por la Nación.

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La actividad no se agotó en lo sindical y político. En la Ciudad Universitaria de la capital cordobesa, Kicillof presentó su libro “De Smith a Keynes” en la UTN, buscando también un perfil académico y técnico para su armado. La gira cordobesa, que continuará con una presentación similar en La Rural durante la Feria del Libro, dejó en claro que la provincia de Buenos Aires ya no es el único escenario del gobernador. Con el respaldo de sectores de la CGT y una red de armadores locales, Kicillof comenzó a probar en el “corazón productivo” del país un modelo de oposición frontal, apostando a que el desgaste económico del gobierno central le permita penetrar en los distritos donde el peronismo k todavía es mirado con desconfianza.